Nunca había visto tanto humo junto

Durante los meses más fríos, la dinámica de la atmósfera y nuestras actividades diarias favorecen la formación de esa densa capa de smog que suele cubrir los valles. Sus efectos impactan directamente en la salud, pero ¿sabes por qué se generen estos episodios? ¿Qué papel juegan las lluvias y la vaguada costera? En este artículo te explicamos la ciencia detrás de la contaminación atmosférica y cómo nos preparamos para monitorear y anticipar estos episodios.🌫️

Región Metropolitana después de la lluvia. Créditos: @sergiobragamo y @santiagoadicto.

¿Las lluvias limpian el cielo o no?🌧️

Tras la ocurrencia de lluvias, suele quedar en el ambiente una grata sensación de frescura. Mirar la Cordillera de los Andes despejada y sentir el aire limpio con un cielo celeste nos hace pensar que el problema de la contaminación quedó atrás. Sin embargo, las apariencias engañan.

Aunque la lluvia realiza un “lavado” efectivo de la atmósfera, este efecto suele ser temporal. Apenas un sistema frontal se aleja, entra en escena el aire frío, la estabilidad atmosférica y nuestras propias emisiones diarias: el tráfico vehicular, las industrias, la calefacción a leña, etc.

Antes de que nos demos cuenta, esa cortina plomiza vuelve a instalarse sobre las cuencas. Pero, ¿por qué ocurre esto con tanta facilidad en otoño e invierno? La respuesta no está únicamente en la cantidad de contaminantes/humo que emitimos, sino en cómo se comporta la física de la atmósfera en esta época del año.

 

La contaminación atmosférica y la física del cielo 

Región Metropolitana contaminada. Créditos: France 24.

¿Te has fijado que, al subir un cerro o mirar la ciudad desde un punto elevado, a veces se observa una marcada capa gris sobre ella? En ocasiones corresponde a humedad o niebla, pero muchas veces se trata de una densa masa de contaminantes atrapados en los valles, un fenómeno especialmente evidente durante los días con escasa ventilación y alta estabilidad atmosférica.

Los episodios de contaminación ocurren principalmente durante otoño e invierno, período del año en que se suelen emitir avisos según el Índice de Calidad del Aire (Air Quality Index, AQI). Sin embargo, aunque se emita un aviso, no necesariamente se cumplen ciertos criterios para declarar una restricción ambiental. Dichos criterios están regulados en Chile por el Decreto N°12 del Ministerio del Medio Ambiente, el cual fija las normas primarias de calidad del aire para material particulado respirable y establece los umbrales para declarar Alerta, Preemergencia o Emergencia Ambiental.

Ahora bien, ¿por qué los contaminantes se quedan atrapados cerca de la superficie? La respuesta tiene explicación científica. Para entender por qué no se disipa, hay que conocer dos conceptos que actúan en conjunto. En primer lugar, aparece la capa de mezcla, la cual explicamos en la siguiente gráfica: 

¿Pero qué fija el límite para que el aire no siga ascendiendo? Aquí entra en juego el segundo concepto: la inversión térmica. Este fenómeno actúa como una especie de “tapa” sobre la capa de mezcla. Mientras que, en condiciones normales, la temperatura disminuye con la altura, durante las noches frías y despejadas de invierno el suelo pierde calor rápidamente por radiación. Como consecuencia, se genera una capa de aire fría pegada en la superficie y una relativamente más cálida sobre él, invirtiendo el perfil habitual de temperatura. Esta estructura crea una barrera invisible que dificulta el ascenso del aire y reduce la ventilación.

Asimismo, existe un fenómeno que agrava la contaminación, pero genera un “leve” descanso del frío en la zona central del país, ya que regala días despejados y temperaturas agradables: hablamos de la mítica vaguada costera.

Al ver la tarde tibia, la tentación natural es salir a hacer ejercicio. Sin embargo, aquí se da la gran paradoja meteorológica: los días más fríos no siempre son los más contaminados. Durante la etapa de desarrollo y maduración de la baja costera, ocurren forzantes atmosféricos (como la presencia de vientos del este provenientes de la cordillera andina) que “aplastan” la capa de mezcla, ¡aumentando la contaminación en los valles interiores!

Por esta razón, aunque por la tarde se vea la cordillera despejada, la pérdida radiativa durante la noche vuelve a encerrar las emisiones y comenzamos a sentir ese característico olor a “quemado“. Ante estas condiciones, lo ideal es posponer el deporte intenso al aire libre y proteger con mascarilla al grupo más sensible a enfermedades respiratorias. La ventilación solo retorna cuando la vaguada costera culmina, dando paso al ingreso de la nubosidad baja y humedad desde la costa, lo que refresca el ambiente y limpia la cuenca, siendo de importancia para los meteorólogos pronosticarla y saber cuándo termina.

Contaminación, clima y salud: Un sistema interconectado 🌡️😷

La contaminación atmosférica no debe mirarse de forma aislada. Investigadores de la Universidad de Chile han advertido que el aire contaminado interactúa de forma directa con el sistema climático y con el comportamiento de la atmósfera.

Entender que las emisiones, la ventilación, la temperatura y la salud pública están interconectadas demuestra que mejorar la calidad del aire es también una acción climática y de bienestar urbano. Por ello, desde el año 2012, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) y el Ministerio de Medio Ambiente integran pronósticos meteorológicos y datos de contaminación para la gestión de episodios críticos.

¿Cómo se definen las Alertas, Preemergencias y Emergencias? 

Cuando las estaciones de monitoreo miden concentraciones elevadas de Material Particulado Fino (MP2.5, conocido en inglés como PM2.5) y el pronóstico meteorológico diario proyecta condiciones favorables para la ocurrencia de días críticos de contaminación en el aire, el Estado de Chile aplica medidas según la gravedad, declarando Alerta, Preemergencia o Emergencia. Esto implica restricciones progresivas como la prohibición de uso de calefactores a leña, mayor fiscalización industrial, restricción vehicular y suspensión de actividades físicas escolares.

Decretar estas alertas no es automático; es una decisión intersectorial y descentralizada, pues considera las particularidades de cada región para evitar que la ventilación empeore y la población se exponga a las altas concentraciones de contaminantes.

Cuidarnos es informarnos 

Reconocer los avisos ambientales y entender la física del aire nos permite tomar mejores decisiones diarias:

  • Preferir calefactores menos contaminantes (eléctricos o a gas) para no perjudicar a nuestras/os vecinas/os.
  • Ventilar con cuidado el hogar.
  • Usar transporte público o compartir el vehículo cuando sea posible.
  • Ajustar nuestras rutinas al aire libre, según las condiciones de ventilación.

La contaminación atmosférica no es invisible: está en el aire que respiramos y en cómo se comporta el cielo sobre nuestras cabezas. Por eso, entenderla es el primer paso para cuidarnos mejor.

Un compromiso que va más allá del aire 

Aprovechemos la frescura que dejan las lluvias para cuidar nuestro entorno de manera integral. Aunque el agua caída ayuda a limpiar la atmósfera, también arrastra los residuos abandonados en calles y veredas —como las colillas de cigarro— hacia ríos, lagos o el mar. Por eso, cada desecho que depositamos correctamente también contribuye a proteger nuestros ecosistemas.

Celebremos el próximo 7 de septiembre, el “Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul”. ¡Avísale a tus amigas/os y familia! Y juntos comprometámonos por un aire más limpio.

 

Escrito por: Alexandra Fuenzalida Artigas y Fernando Martin Borquez. Editado por: Manuel Olivares Vasconcelo. Periodista: Paz Galindo Navarro.

 

*Las figuras presentadas han sido creadas exclusivamente con fines educativos y no tienen propósitos comerciales ni lucrativos. Todos los derechos de autor y propiedad intelectual de los personajes corresponden a sus respectivos propietarios legales.

Alexandra Ninoska Fuenzalida Artigas

Geofísica, Oficina Cambio Climático

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