Nubes arcoíris: Cuando el cielo decide celebrar el color

Ahora que nos adentramos en el invierno, los días suelen volverse más grises, y las nubes comienzan a dominar el paisaje atmosférico. Sin embargo, cuando los rayos del sol se abren paso entre esta nubosidad y combinan fuerzas con las gotitas de agua suspendidas, el cielo nos sorprende con un espectáculo deslumbrante: Las nubes iridiscentes. Agarra una mantita y tu bebida favorita, que aquí te contamos un poco más de ellas.

Más allá del arcoíris

Cuando pensamos en colores en el cielo, probablemente el primer fenómeno que viene a nuestra mente es el arcoíris. Después de todo, pocas imágenes son tan reconocibles como esa banda multicolor que aparece cuando pasa la lluvia y el sol comienza a hacer acto de presencia.

Tal como te contamos en un artículo anterior, el arcoíris se forma cuando los rayos del sol interactúan con millones de gotas suspendidas en la atmósfera. Al cambiar de medio, desde el aire al agua, la luz modifica su velocidad y dirección mediante un proceso conocido como refracción. Luego, la luz blanca se separa en cada uno de los colores que la componen, desviándose cada uno de estos en un ángulo diferente, en un fenómeno llamado dispersión. Así se forma esa conocida banda de colores que, según las historias que nos contaban en la infancia, escondía un tesoro al final de su recorrido.

Sin embargo, el arcoíris no es la única forma en que la atmósfera puede pintar el cielo de colores. Existe otro fenómeno óptico, más sutil y menos conocido, donde los colores aparecen directamente sobre las nubes. Este fenómeno es la iridiscencia.

Si bien las nubes iridiscentes proyectan colores similares, los procesos detrás de cada uno de estos fenómenos son diferentes.

La magia de la difracción

A diferencia del arcoíris, donde predominan la refracción y la dispersión, la iridiscencia se origina principalmente por un fenómeno conocido como difracción, una consecuencia directa de la naturaleza ondulatoria de la luz. Una comparación sencilla es imaginar que el arcoíris funciona como millones de pequeños prismas naturales suspendidos en el aire, donde cada gota separa la luz blanca en sus distintos colores. La iridiscencia, en cambio, se parece más a las tonalidades que aparecen sobre la superficie de una burbuja de jabón; los colores no forman una banda definida, sino manchas suaves y cambiantes que parecen extenderse sobre la nube.

Mientras que la refracción y dispersión de la luz son los fenómenos responsables de la formación de arcoíris (similar a una banda), la difracción es la que permite ver esos colores difuminados en una nube.

Para que este colorido fenómeno se forme, deben darse tres condiciones a la vez. En primer lugar, la atmósfera tiene que presentar nubes tenues y de poca densidad, como los Cirros, Cúmulos, Cirrocúmulos y nubes lenticulares. En segundo lugar, las gotitas y cristales de hielo que las componen deben ser muy pequeñas; y finalmente, estas necesitan poseer tamaños similares entre sí. Cuando todo esto se cumple, la luz interactúa con las partículas pequeñas, curvándose alrededor de ellas para posteriormente difuminarse sobre la superficie de la nube, dando la impresión de manchas pintadas sobre un lienzo en el cielo. Si el tamaño de estas gotitas es muy distinto, la difracción en cada región será diferente, lo que hará que se pierda energía, teniendo como resultado colores menos intensos, cercanos a los tonos pasteles.

Fuente: https://www.bbc.co.uk

La belleza efímera

Estos coloridos eventos pueden durar apenas unos minutos antes de que las condiciones dejen de ser favorables, ya que un cambio en la composición de la nube, ya sea por calentamiento, subsidencia, mezcla de aire más seco, entre otros, significa el fin de este fenómeno. Sin embargo, cuando estas nubes aparecen, ofrecen una de las demostraciones más sorprendentes de cómo la física de la atmósfera puede transformarse en arte.

Más allá de su belleza, las nubes iridiscentes nos recuerdan que la atmósfera es un escenario dinámico y lleno de diversidad. Cada nube tiene una forma y una combinación única de condiciones que permiten que estos fenómenos tengan lugar, mostrando así como pequeños cambios pueden transformar completamente la vista del cielo. Porque incluso en los meses más fríos y nublados, la naturaleza encuentra formas de mostrarnos que los colores siguen estando presentes sobre nuestras cabezas.

🌈📷 Guía Rápida: Cómo Capturar Arcoíris y Nubes Iridiscentes

Capturar estos fenómenos ópticos requiere más que solo apuntar y disparar con tu cámara. Sigue estos consejos técnicos para lograr fotos espectaculares.

1. Arcoíris completos: El secreto del gran angular

  • Usa un objetivo gran angular (entre 18mm y 24mm, o el lente “0.5x” de tu celular). El arcoíris completo tiene un radio angular de unos 42°, por lo que necesitas un campo de visión amplio que permita abarcar todo el arcoíris en una sola toma.
  • Recuerda que el arcoíris siempre aparece en el lado exactamente opuesto al sol. Si el sol está a tus espaldas, el arcoíris estará frente a ti.

2. Nubes Iridiscentes: Cuidado con la luz

  • Usa el zoom: A diferencia del arcoíris, la iridiscencia suele ocurrir en zonas pequeñas cerca del sol. Usa un teleobjetivo o el zoom óptico de tu celular para aislar el fenómeno.
  • Protege tu sensor (y tus ojos): Bloquea el sol directo con la esquina de un edificio, un árbol o un poste. Esto evita el exceso de brillo y resalta los delicados colores.

3. Ajustes de Cámara Clave (Modo Pro / Manual)

Baja la exposición: Los colores de los arcoíris y la iridiscencia se “lavan” fácilmente con mucha luz. Baja la exposición (-0.7 o -1 EV) para saturar los colores y hacerlos resaltar contra el cielo.

4. Edición rápida (Post-procesamiento)

No abuses de la saturación general. En su lugar, aumenta la Intensidad y juega con el Contraste. Esto hará que los colores destaquen de forma natural sin arruinar el resto del paisaje.

 

Escrito por: Tamara Venegas Yurazeck. Editor: Manuel Olivares Vasconcelo. Periodista: Paz Galindo Navarro.

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