Se cerró la llave: 40% de déficit de lluvia a la fecha y La Niña podría empeorar la situación

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¿Quién cerró la llave de las lluvias en Chile? Desde el 21 de julio – hace casi dos meses – que Santiago no registra lluvias de importancia, lo que también ha sido la tónica de gran parte del país, incluso en ciudades del sur de Chile, acostumbradas a inviernos largos y lluviosos. Por lo mismo, los déficits de precipitación han vuelto a incrementarse, situación que podría empeorar esta primavera debido a que el fenómeno de La Niña está en pleno desarrollo en el Océano Pacífico.

El último evento de precipitación relevante en Santiago (sobre 10 mm en un día) ocurrió el 21 de Julio y, a partir de allí, se han vivido semanas mayormente secas e incluso con altas temperaturas. En Temuco, capital de la Región de La Araucanía, la última lluvia de importancia ocurrió el 25 de julio, cuando precipitaron 41.2 mm en 24 horas. A partir de allí, si bien no ha dejado de llover, los montos acumulados son bastante escuálidos. Durante todo el mes de agosto se acumularon 78 mm, muy por debajo de la media climatológica (lo normal) para este mes que es de 148 mm.

Esta situación se repite en varias ciudades del centro y sur de Chile: desde la segunda mitad de julio las lluvias de importancia prácticamente desaparecieron de nuestro país, lo que ha producido un incremento del déficit de lluvia de forma muy relevante. ¿Por qué? El trimestre invernal, junio-julio-agosto, concentra más del 60% de la precipitación en Chile Central, por lo que a pesar de lo lluvioso que fue junio, la poca frecuencia de precipitaciones entre fines de julio y agosto impactan de manera muy relevante en el déficit del año.

Para que se hagan una idea, en los mejores momentos de este invierno, alrededor del 6 de Julio y cuando nuestras esperanzas en un año “normal” se veían potenciadas por una frecuencia de sistemas frontales pocas veces vista en la última década, el déficit de lluvia en Santiago alcanzó apenas un 5% respecto a un año normal, mientras que en Curicó el déficit alcanzaba apenas el 9%. En La Serena disfrutaron de un holgado superávit de 17% en esa misma fecha. Hoy, la situación es radicalmente opuesta: tanto la capital de la Región de Coquimbo, como Santiago y Chillán, registran un déficit de lluvia anual entorno al 40%, mientras que en Curicó alcanzan el 28% menos respecto a un año normal.

Tal como se ve en la siguiente figura (izquierda), en la ciudad de Santiago, la curva acumulada de lluvia de este año (curva magenta) está muy por debajo de la media normal (curva negra en puntitos). De hecho, estamos por debajo del rango considerado normal (curva negra segmentada), lo que vuelve a este 2020 un año más seco de lo normal de manera relevante. Notar como en comparación con otros años de mega-sequía (curvas naranjas) estamos más o menos en la mitad de dicha distribución. Es decir, no es ni el peor ni el mejor año de la mega-sequía, simplemente estamos en la media con un déficit en torno al 40%.

 

El déficit de lluvia en la capital de la Región del Ñuble (figura derecha) alcanza 341 mm menos respecto a un año normal. Deberíamos llevar casi 900 mm y este año han caído menos de 550 mm.  Es claro que los pocos eventos de lluvia han mantenido la curva de acumulación fuera del rango de lo normalidad. Lo que es peor, este está siendo el cuarto año más seco de la última década en el Ñuble.

En términos generales, gran parte de la zona centro-sur está registrando acumulados de lluvia anual mucho mejores que el año pasado, cuando a la fecha, se registraba un déficit de hasta 75% en el centro del país y hasta 30% en el Sur. Sin embargo, hemos regresado a la realidad de los últimos 10 años, periodo conocido como megasequía, en dónde el déficit de lluvia al finalizar el año tiende a oscilar entre 30 y 50%, aproximadamente. 

¿Quién cerró la llave?

Esta pregunta mantiene en vilo a muchos meteorólogos y climatólogos, puesto que no es tan fácil identificar por qué se producen periodos lluviosos seguidos de periodos tan secos como el experimentado entre fines de julio y septiembre. En primer lugar, es importante destacar que para que haya precipitación necesitamos sistemas frontales. Por lo tanto, la ausencia o menor frecuencia de sistemas frontales producen una disminución de las lluvias.

Hasta aquí todo muy obvio, pero, ¿qué produjo la disminución en el número de frentes? Por un lado, los sistemas frontales en realidad no desaparecieron, si no que se desplazaron muuuuy al sur. Tal como se ve en la siguiente figura, la zona de la “baja” presión (en colores azules) del último mes muestra que por dicha zona están cruzando un número mayor de tormentas, mientras que frente a las costas de Chile Central, tenemos una alta presión más intensa de lo normal. Esto quiere decir que los sistemas frontales están alejados de gran parte de Chile continental, llevándose la lluvia consigo.

Varios factores han contribuido a intensificar el anticiclón costas afuera de Chile Central y, por otro lado, desplazar los sistemas frontales más hacia el polo. Por un lado, el calentamiento de una región cercana a Nueva Zelanda (al otro lado del Pacífico) ha sido determinada como una potencial causa de este fenómeno. A esto se suma el enfriamiento de la temperatura superficial del mar en la zona ecuatorial. Cada vez que dicha zona se enfría más de lo usual, la atmósfera sobre el Océano Pacífico tiende a comportarse de esta forma. A la larga, ambos factores combinados, parecen ser los causantes de que la llave de las lluvias se haya cerrado de forma considerable sobre nuestro país al evitar que crucen sistemas frontales con una mayor frecuencia.

Pronóstico de Primavera: ¿Se revertirán los déficit?

Con la mirada puesta en lo que sucederá esta primavera (septiembre-octubre-noviembre, SON) es importante aclarar que la mayor parte de las cartas ya están jugadas. No solo porque este trimestre aporta menos de un 30% de la lluvia anual, lo que significa que durante esta época es muy poco probable (aunque no imposible) recuperar la precipitación perdida en el invierno, si no que también porque el pronóstico estacional emitido a fines de agosto es muy claro: existen altas probabilidades de un trimestre con lluvias acumuladas bajo el rango normal en gran parte del país tanto en el mes de septiembre como en el trimestre SON.

Este negativo panorama está altamente relacionado con el desarrollo del fenómeno de La Niña durante los próximos meses. Tal como explicamos en esta nota, este fenómeno ha sido oficialmente declarado por NOAA hace unos días y sus consecuencias en primavera son variadas: en nuestro país, las primaveras bajo condiciones La Niña suelen ser bastante secas, especialmente entre Curicó y Puerto Montt. 

A pesar de que el fenómeno de La Niña que se avecina será más bien débil, es muy probable que sus efectos sean importantes sobre nuestro país, disminuyendo los acumulados de lluvia de este último periodo de precipitaciones en Chile Central. 

Nuevamente, el clima de nuestro país nos sorprende: partimos un inicio de invierno con precipitaciones abundantes y de gran intensidad. Sin embargo, en el contexto de la megasequía, no se puede cantar victoria antes de tiempo. Los déficit de lluvia han vuelto a valores alrededor de un 40% y no es nada descabellado que sigan aumentando si la perspectiva de una primavera seca se cumple. Al parecer, la llave de las precipitaciones está casi por completo cerrada y nuevamente terminaremos este año con lluvias acumuladas totales bajo los rangos normales.

 

Escritor/Figuras: José Vicencio. Editor: Juan Crespo/ Manuel Olivares

Información de esta publicación:

  • Todos los datos utilizados en esta publicación provienen del Portal de Servicios Climáticos de la Dirección Meteorológica de Chile. Revisa nuestro portal aquí: https://climatologia.meteochile.gob.cl/

José Vicencio

Meteorólogo, perteneciente a la Oficina de Servicios Climatológicos de la Dirección Meteorológica de Chile. Revisa mis publicaciones aquí .

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1 Response

  1. Felicitaciones amigos por los excelentes documentos y temas que tratan en el blog.
    atte. Bernardo Castro Salas, Experto en GRD

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