Bosques: Los pulmones de La Tierra

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La vegetación tiene un rol muy importante en el clima. Ya sabemos que los árboles son un buen regulador térmico, permitiendo que la temperatura no se eleve tanto. Conocido es el efecto “Isla de Calor” en ciudades o sectores en que la vegetación es escasa y todo está hecho de concreto. Pero la vegetación también tiene un rol “purificador” del aire que respiramos. La cantidad de bosques es tal, que La Tierra -al igual que los seres vivos- posee su propio sistema de “respiración”, que extrae y devuelve CO2 (dióxido de carbono) desde y hacia la atmósfera. Este proceso, sin embargo, se está viendo alterado por la acción humana.

La Biosfera y el ciclo del carbono

El carbono en la Tierra es uno de los principales elementos de la vida en el planeta. No solo nuestro cuerpo está compuesto a base de carbono, si no que también los animales, las plantas, los minerales y hasta nos sirve como un termostato en el planeta, haciéndolo mucho más cálido de lo que realmente debería ser.

A este importante elemento lo podemos encontrar principalmente en dos formas: como materia orgánica (presente en los organismos vivos o muertos y en los descompuestos) y como materia inorgánica (presente en las rocas y minerales). El carbono circula y se intercambia a través de las diferentes componentes del sistema climático (atmósfera, biosfera, hidrosfera y litosfera), producto de procesos biogeoquímicos que componen el denominado ciclo del carbono.

Una de las interacciones que más interés genera, es la que se produce entre la atmósfera y la biosfera. La biosfera está compuesta por todos los organismos vivos de la Tierra, y su interacción con la atmósfera juega un papel crucial en el intercambio de gases de efecto invernadero (GEI) entre la atmósfera y el suelo terrestre. Por una parte, almacenando CO2 en la vegetación mediante la fotosíntesis y por otra parte liberando CO2 hacia la atmósfera a través de la respiración de los animales.

Simplificación del ciclo del carbono en la biosfera. La línea roja representa la emisión del carbono en forma de CO2, mientras que la línea verde la extracción del carbono atmosférico hacia la Tierra.

Los bosques representan una reserva o sumidero de carbono, ya que los árboles y plantas extraen CO2 en estado gaseoso desde la atmósfera y lo llevan a estado sólido en forma de azúcares que almacenan en su interior y que utilizan para su crecimiento. Este proceso que retira CO2 desde la atmósfera depende de la velocidad de la fotosíntesis. En primavera y verano, cuando las plantas reciben mayor luz solar, la fotosíntensis es más activa y por lo tanto la absorción de CO2 también es mayor. En cambio, en invierno cuando la luz solar es menor, la fotosíntesis se reduce y con eso también el flujo de carbono entre la superficie y la atmósfera.

Esta variación estacional en el crecimiento de la vegetación provoca que el CO2 también tenga una oscilación entre invierno y verano. Esta oscilación es observable en las mediciones de CO2 que se realizan alrededor del mundo. Cabe mencionar que el CO2 se mezcla relativamente rápido en la atmósfera del planeta y donde sea que uno mida el gas, debería encontrar valores similares. Uno de los lugares que tiene la serie más antigua de mediciones es el ya icónico Mauna Loa en Hawaii.

Mediciones mensuales de los últimos 4 años en Mauna Loa (Hawái) de las concentraciones atmosféricas de CO2 (en ppm). Último valor corresponde a Abril de 2019. Fuente: https://www.esrl.noaa.gov/gmd/ccgg/trends/

El gráfico anterior es la famosa Curva de Keeling, en honor al oceanógrafo Charles David Keeling, que allá por 1958 comenzó con estas mediciones en el observatorio de Mauna Loa. Hay dos aspectos relevantes en la curva que de seguro ustedes ya notaron. El primero es que la curva va en aumento de una forma muy evidente. Eso señores es el aumento de GEI que relacionamos directamente con la actividad humana.

El segundo aspecto es que la curva parece tener dientes o cerritos. Estos altos y bajos son las variaciones estacionales debido, entre otras cosas, a las variaciones en la respiración de las plantas de la que estábamos hablando. Es tan importante el efecto que tiene la vegetación del planeta sobre este gas de invernadero, que es medible casi en cualquier punto del planeta. La respiración del planeta se siente en la atmósfera con un aumento de la concentración del CO2 durante el invierno del Hemisferio Norte y una disminución en el Verano. Pero debido a la actividad humana, estos cerritos en la curva roja son cada vez más alto, llegando a niveles nunca antes visto por el ser humano (y que cada vez son más altos).

Deforestar = contaminar

El crecimiento de los árboles en los bosques permite que una gran cantidad de carbono salga de la atmósfera y se acumule en ellos, siendo así grandes acumuladores de carbono. Estimaciones realizadas muestran que la vegetación que actualmente vive en el planeta almacena alrededor de 450 Gt (Gt = giga tonelada = mil millones de toneladas) de carbono, mientras que si el planeta no hubiera tenido cambio de uso de suelo la vegetación potencial almacenaría más del doble, alrededor de 916 Gt. (2)

Adaptado de “Unexpectedly large impact of forest management and grazing on global vegetation biomass”. Nature, 2017.

La figura superior, muestra la capacidad de almacenamiento de carbono por parte de la biomasa, para un planeta sin modificaciones como reducción de bosques y vegetación comparado con el estado actual (abajo). Se puede apreciar que el cambio de uso de suelo ha disminuido el almacenamiento de carbono en la mayoría de los continentes, siendo los cambios más notorios en el sureste de Asia, Europa, África y Sudamérica, principalmente en zonas de selva que se han reducido.

Es por ello que la deforestación de grandes zonas del planeta, debido al crecimiento de la población mundial o la necesidad de contar con mayor área para producción de alimentos, ha llevado a una reducción de esta extracción de carbono del aire por parte de los bosques, favoreciendo su permanencia en la atmósfera con el subsecuente calentamiento que esto conlleva.

El quinto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), menciona que el sector de “Agricultura, Silvicultura y Otro Uso de la Tierra” es responsable de casi un cuarto (24%) de las emisiones antropogénicas de GEI durante el año 2010, principalmente por la deforestación y emisiones agrícolas por ganadería. La degradación de los bosques y la quema de biomasa, por incendios forestales y quemas agrícolas, también representan contribuciones relevantes.

¿Qué se puede hacer?

Para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de no superar los 1.5°C de aumento de temperatura global, se hace necesario reducir rápidamente la emisión de GEI hasta alcanzar la difícil meta de emisión cero en 2050, e incluso habría que extraer desde la atmósfera parte de los GEI que ya fueron emitidos. En ese contexto, se hace imperioso primero terminar con la deforestación y comenzar a reforestar y forestar para así aumentar la capacidad de absorción de carbono por parte de la biosfera. Dependiendo de lo rápido que se reduzcan las emisiones, se estima que entre 1 y 7 millones de kilómetros cuadrados de tierra tendrán que convertirse en cultivos de bio-energía (tipo de energía renovable que usa como fuente la materia orgánica, permitiendo aprovechar la energía disponible desde plantas, bosques u otros organismos) y deberán añadirse hasta 10 millones de kilómetros cuadrados de bosques de aquí al 2050, algo así como plantar tantos bosques como el tamaño de Canadá.

Las zonas tropicales parecieran ser las más efectivas en la extracción de CO2 desde la atmósfera, puesto que la vegetación ahí crece con rapidez y, en consecuencia, se elimina carbono de la atmósfera con mayor rapidez. Aumentar la cantidad de bosques en zonas tropicales sería una manera muy eficiente de eliminar CO2 atmosférico. En este caso, los bosques tropicales pueden almacenar hasta 15 toneladas de carbono por hectárea al año en su biomasa y en la madera.

Sin embargo, no sólo los países tropicales deben aumentar su cobertura de vegetación, sino que todos los países, independiente de su ubicación geográfica. En ese sentido, Chile se ha comprometido con una contribución específica para el Sector Uso de la Tierra, Cambio de Uso de la Tierra y Silvicultura, que considera el manejo sustentable y recuperación de 100.000 hectáreas de bosque nativo y forestar 100.000 hectáreas al año 2030, principalmente con especies nativas. (3) Esto significaría plantar el área correspondiente a la mitad de la provincia de Santiago con especies como el coigüe, raulí, queule, entre otros.

Como vimos no es tan trivial llegar y cambiar el uso de suelo, cortar árboles o reducir las áreas silvestres, puesto que la vegetación que cubre al planeta lleva miles de años contribuyendo a hacer este planeta más habitable, y hoy por hoy, nos ayuda a combatir el cambio climático de manera natural, donde sin duda nosotros también debemos poner de nuestra parte. 

Escrito por: Ricardo Vásquez. Editor: Diego Campos, José Vicenco & Manuel Olivares. 

Referencias para esta publicación:

  • (1) Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2010 (FRA 2015)
  • (2) https://www.nature.com/articles/nature25138
  • (3) http://www.conaf.cl/nuestros-bosques/bosques-en-chile/cambio-climatico/
  • (4) IPCC (2013). 

Ricardo Vasquez

Meteorólogo, perteneciente a la Oficina de Cambio Climático de la Dirección Meteorológica de Chile.

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