Un activo verano en el Cono Sur

Comparte con tus amigos

El 2019 va a toda velocidad en términos meteorológicos: pasamos de un frío inicio de enero hasta una primera semana de febrero con nuevos récord de temperatura máxima en la patagonia, tanto chilena como argentina. Mientras tanto, la sequía se hizo presente en la zona sur de Chile así como también en casi todo Brasil. Las torrenciales lluvias se han hecho sentir desde el sur de Perú y el norte de Chile, hasta el Centro de Argentina, produciendo nuevos récord mensuales y diarios de precipitación. ¿Qué está pasando en nuestro continente?

El año 2019 ha comenzado con mucho acontecer meteorológico y climático en todo el mundo. En el hemisferio norte el Vórtice Polar tuvo un debilitamiento durante fines de enero, causando que aire frío del ártico se desplazara hacia el sur alcanzando gran parte de Canadá y EEUU, provocando que la temperatura descendiera alcanzado valores hasta los -30°C en Chicago, con sensación térmica que alcanzaron los -50°C a causa del viento. Por otro lado, en Australia se alcanzaron temperaturas cercanas a los 50°C o los impresionantes 36°C de mínima!

Mientras esto ocurría, acá en el cono sur una serie de eventos meteorológicos comenzaban a configurarse dejando las condiciones “ideales” para la ocurrencia de numerosos eventos extremos durante el mes. Son diversas las anomalías climáticas que se han observado durante el poco tiempo de 2019 y que de cierta manera explican el inusual comportamiento de la temperatura y precipitación en Sudamérica.

Aguaceros en el continente

Durante el verano austral el continente sudamericano se vuelve muy activo en cuanto a las precipitaciones. Esto puede parecer extraño para la mayoría de los habitantes de Chile, dado que en el centro sur del país llueve generalmente en invierno debido a la acción de los sistemas frontales (ver esta radiografía de un sistema frontal), pero si se mira al centro y sur de Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay y el centro norte de Argentina, las lluvias suelen llegar con fuerza durante el verano.

En Argentina las lluvias son de origen convectivo: tormentas que se desarrollan gracias al calentamiento del aire cercano a la superficie, el que asciende, se enfría y forma nubes de tormenta. Estas nubes crecen a tal punto que forman complejos de convección llamados Sistemas Convectivos de Mesoescala. Para la formación de estos sistemas es necesario un ingrediente que abunda en el corazón del continente: la humedad. Esta humedad es transportada desde el Amazonas a Argentina por la acción de una corriente de aire muy intensa llamada El Chorro de Bajo Nivel o también conocida como la Corriente del Chaco (en la imagen de abajo, las flechas verdes).

Durante enero de este año, según datos reanalizados globales, esta corriente de aire estuvo más intensa de lo normal, transportando mucha humedad desde el Amazonas hacia el centro de Argentina. Esta humedad extra se transformó rápida y violentamente en tormentas que afectaron a buena parte del país vecino. De hecho, el día 8 de enero en la ciudad de Resistencia cayó la impresionante cifra de 224 mm (algo así como toda la lluvia de un invierno normal en Santiago), provocando que este enero sea récord de lluvias, con 556.8 mm.

Este exceso de convección (tormentas) en esta región de Argentina parece como el principal sospechoso de la aparición de una circulación anticiclónica en altura, tal como si la Alta de Bolivia se hubiese desplazado hacia el sur. La Alta de Bolivia (ya expuesta y explicada en este artículo) en esta posición fue un excelente transportador de humedad desde el corazón de Sudamérica hacia el Altiplano chileno. Esto lo evidenciaron las estaciones instaladas en el Altiplano chileno, en Putre por ejemplo, lo normal es que en enero se acumulen entre 30 y 77 mm de lluvia, pero este año se acumularon más de 100 mm. En Chapiquiña, se superó en más de 100% el normal del mes de enero.

En contrapartida, las lluvias estuvieron esquivas en el sur de Chile durante el primer mes del año. Por ejemplo, en Temuco llueve alrededor de 35 mm en un enero “normal”, sin embargo, este año apenas cayeron 10 mm (un ~70% menos). Situación similar vivieron todas las estaciones desde La Araucanía hasta Magallanes. También en Brasil se observaron condiciones secas, según un reporte de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en Brasilia, la capital del país se registró el tercer enero más seco en 57 años de mediciones, con un acumulado de 70.9 mm (ver informe aquí).

Imagen esquemática de las principales anomalías climáticas observadas durante enero y febrero de 2019.

Calor de locos: Históricas temperaturas desde Brasil hasta Tierra del Fuego

También durante enero se registró un calentamiento de la temperatura del mar en la costa de Perú y norte de Chile. La temperatura en la región El Niño 1+2 subió de 23.6°C en diciembre a 25.1°C en enero. En Perú estas temperaturas del océano están asociadas a importantes alzas en la temperatura del aire de las ciudades costeras. En enero, en Piura se superaron récords de temperatura en las estaciones de Mallares (39°C), Miraflores (38°C) y Lancones (38.6°C). Las ciudades costeras del norte de Chile también han mostrado un aumento de las temperaturas. A fines de enero, la temperatura mínima en la ciudad de Arica se disparó por sobre los 23°C, cuando normalmente se espera que bordee los 20°C. 

Ahora bien, lo que ha sido realmente extraordinario de este verano es el alza en las temperaturas máximas. En Brasil las temperaturas máximas promedio de enero establecieron nuevos récords en muchas partes del país, como en Sao Paulo (31.9°C), o Belo Horizonte (30.9°C), mientras que en Río de Janeiro se registraron 37.4°C, siendo la segunda temperatura más alta histórica. El centro de Chile también tuvo un episodio intenso de altas temperaturas (ver cápsula), rompiéndose los récord históricos de temperatura máxima diaria en Santiago, tanto en Quinta Normal (38.3°C), Tobalaba (37.4°C) y los impresionantes 39.3°C en Pudahuel.

Días después, fue el turno del sur del país. Entre los días 1 y 4 de febrero se rompieron los récords de temperatura máxima en Valdivia (38.5°C), Osorno (36.8°C), Puerto Montt (35.1°C) y Nueva Chaitén (31.6°C). Estos eventos tuvieron como condición común el viento del este, que baja de la cordillera haciendo que en los valles la temperatura aumente, además de cielos despejados y alta estabilidad atmosférica (revisa más al respecto acá).

El viento del este, que en la zona sur se denomina “viento Puelche”, está asociado generalmente al paso de altas presiones por el sur de Chile, condición que justamente se dió -de manera muy intensa- a comienzos de febrero. Esto provocó un aumento sin precedentes en las temperaturas en la Patagonia, afectando tanto al lado chileno como argentino y provocando que la Región más fresca del Cono Sur se volviera un horno: la temperatura sobrepasó los 30°C de manera generalizada, superándose los récord de temperatura en Puerto Aysén (35.3°C), Balmaceda (35.3°C), Coyhaique (35.7°C), Lord Cochrane (36.1°C), Puerto Natales (30.0°C), Porvenir (32.2°C), Río Grande (30.8°C) y Perito Moreno (38.2°C). Puedes revisar más sobre estos récord acá.

En cuanto a las olas de calor, la ciudad de Curicó registra 16 días continuos con temperaturas extremas (hasta el 07/02/2019), lo que la convierte en la ola de calor de más larga duración en 60 años de registros de la estación meteorológica e iguala a la que se produjo en enero de 2017.

Principales registros anómalos de temperatura y precipitaciones durante enero y febrero de 2019.

Sin embargo, y como la memoria es frágil, es necesario mencionar que el comienzo del 2019 no fue del todo cálido en el sur de Chile. Increíblemente se rompió el récord de la temperatura mínima más fría para un mes de enero en la ciudad de Valdivia (-0.4°C), Temuco (-0.2°C) y Puerto Montt (0.8°C). Este evento pasa a ser considerado como una helada meteorológica… ¡en pleno verano!.

¿El Niño o el cambio climático?

Dentro de toda esta locura de récords y anomalías suelen destacar dos viejos conocidos a la hora de buscar responsables: El Niño y el Cambio Climático.

El primero, con seguridad, puede estar detrás del calentamiento de la costa del norte. Son varios los pulsos de calentamiento asociados a El Niño los que se han observado en los últimos meses. Sin embargo, las lluvias en el Altiplano no se ajustan al comportamiento clásico de El Niño durante el verano. Y es que típicamente, bajo condiciones de El Niño, las lluvias en el Altiplano se ven disminuídas. Esto porque aumenta el viento en altura (la corriente en chorro subtropical), lo que impide que la Alta de Bolivia se ubique en una posición favorable para las lluvias en el Altiplano chileno. Bueno, este año, eso no ha ocurrido.

Donde sí el Niño puede tener cierta responsabilidad, es en la disminución de las lluvias en la zona sur de Chile. Típicamente el verano es menos lluvioso en el sur bajo condiciones de El Niño, cosa que este año se ha cumplido bastante bien.

Por otra parte, un aumento de las temperaturas en Chile centro y sur también puede ser una respuesta al Niño. En general los Niños se asocian con mayor temperaturas en Chile, principalmente en la costa. A esto hay que sumarle el hecho de que la zona central y sur del país ha experimentado un aumento de la temperatura durante los últimos 50 a 60 años, siguiendo la tendencia global de calentamiento asociada al cambio climático. Por lo que ambos fenómenos pueden ver mezclados sus efectos.

Esta tendencia al calentamiento global ha llevado a un aumento en la frecuencia de los eventos extremos cálidos como las olas de calor, días cálidos y noches cálidas, que han hecho que los récords de temperatura se rompan cada vez más rápido. Si bien la ocurrencia de estos últimos eventos de temperaturas extremas o de lluvias intensas “aún” no se pueden atribuir directamente al cambio climático (ya sabemos lo difícil que es eso), la tendencia observada de estos extremos coincide con lo que se espera que ocurra en un planeta -y país- que se calienta.

En consecuencia, las causas de estos eventos meteorológicos extremos combinan factores climáticos de diferente índole y requiere un análisis detallado que suele tomar un tiempo. Por último, la variabilidad intraestacional y la escala sinóptica también tienen mucho que decir y deben ser tomadas en cuenta a la hora de sacar las conclusiones finales para este movido verano, que aún no termina.

 

Preparado por: Diego Campos y Ricardo Vásquez. Editado por: José Vicencio.

 

Información para esta publicación:

Diego Campos

Meteorólogo, Oficina de Servicios Climatológicos

You may also like...

2 Responses

  1. Pedro Marcelino Castillo Zavaleta dijo:

    UNA LECTURA INTERESANTE Y SOBRE TODO MUY BIEN EXPLICADA CON GRAFICOS Y DE MANERA MUY SENCILLA, FELICITACIONES

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *