Megasequía, la historia continúa

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A pocos días de terminar el 2018 y como es de esperar surgen los recuentos, resúmenes y/o conclusiones de lo que significó este año. Nosotros no quisimos estar ajenos a esta tendencia y ya contamos con algunos datos relevantes. Entre ellos destaca que el año 2018 se suma al período seco de más larga duración en Chile central, mejor conocido como Megasequía, y se posiciona dentro de los 5 años más secos en los registros pluviométricos de la ciudad de Santiago.

Debemos considerar que una sequía comienza cuando las precipitaciones disminuyen en forma evidente y continua durante un periodo de tiempo prolongado, generalmente por más de un año. Siendo denomina sequía meteorológica y que puede dar origen a una sequía hidrológica (caudales de ríos y embalses por debajo de lo normal) y posteriormente a una sequía agrícola (disminución de la humedad del suelo y aguas subterráneas).

Chile no está ajeno a las sequías, es más, la historia de las precipitaciones en la zona central nos muestran una alta variabilidad, una especie de montaña rusa. Luego de un par de años secos suelen venir un par de años lluviosos manteniendo así un ciclo natural al que ya estamos acostumbrados, al igual que nuestros ríos y embalses.  Sin embargo, en los últimos años la montaña rusa no deja de bajar. Sólo estamos experimentando años secos, sin recuperación. A este periodo se le ha llamado Megasequía (término acuñado por el Centro del Clima y la Resiliencia (CR2) de la Universidad de Chile en su “Informe a la Nación: La Megasequía 2010-2015”).

La historia de la actual megasequía comienza el año 2010 y afecta desde entonces, de manera casi ininterrumpida, a buena parte del territorio de Chile. Principalmente entre las regiones de Coquimbo y Biobío, y en algunos años extremos llegó a extenderse hasta la Región de Aysén y Magallanes. 

Mirando al pasado: Muchos tipos de sequía

En Santiago tenemos la famosa estación Quinta Normal, una de las estaciones meteorológicas más antiguas del mundo y que posee datos continuos desde finales del siglo XIX. De ella, podemos ver que en cuanto a lluvias, las anomalías anuales de precipitación entre 1866 y 2018 se ve de esta forma:

Inmediatamente podemos ver en la gráfica la alta variabilidad entre un año y otro en las lluvias acumuladas. También podemos apreciar periodos en donde los años de déficit de lluvia predominan por sobre los normales y húmedos y también resalta a la vista que algunas sequías son cortas pero intensas, mientras que otras duran un lustro pero no son tan intensas en magnitud.

Durante los últimos 60 años, además de la actual megasequía, han existido otros dos periodos secos de importancia, sólo que su duración y extensión territorial han sido más reducidos. Tal es el caso de las famosas sequías del 68’ y del 98’.

La sequía del 68’ (1967-1969) ha sido la de mayor intensidad. El déficit alcanzado en la ciudad de Santiago durante ese año fue de un 80%, el más grande registrado en los 153 años de datos. En Valparaíso se registró una caída en las lluvias del 74%, mientras que en Curicó y Chillán tuvieron un 57% y 49% menos, respectivamente. Afectó principalmente desde la actual región de Atacama hasta la región del Biobío y es durante este evento que se da inicio al horario de verano, debido a un secado de los embalses.

La sequía del 98’ está ambientada entre los años 1994 y 1998, pero fue interrumpida por el año 1997, uno de los más lluviosos producto del desarrollo de un gran evento de El Niño. Los déficits pluviométricos registrados durante el año 1998 fueron casi tan importantes como los registrados a fines de los 60’. Al terminar el año, Valparaíso registraba un 76% de déficit, Santiago y Curicó un 74% y Chillán un 55%. 

A principios del siglo XX, dos periodos secos llaman la atención del gráfico de Santiago. El primero entre 1907 y 1917, con excepción del lluvioso 1914, predominaron los inviernos secos, en lo que es uno de los periodos más extensos con condiciones secas en Santiago. El segundo, entre 1924 y 1925, corresponde a una sequía corta pero increíblemente intensa: apenas llovieron 66 mm en la capital, cuando lo normal supera los 300 mm, siendo éste el segundo año más seco de la historia de Quinta Normal. 

 

Un fenómeno con diversas causas

Las sequías van y vienen de manera natural por Chile central, son parte de nuestra variabilidad climática. Sin ir más lejos, en forma natural existe una condición semiárida en la zona central de Chile dada por la presencia del Anticiclón del Pacífico Sur, el que durante los meses de invierno se ve alterado por el paso de sistemas frontales que dejan las valiosas precipitaciones invernales. Una intensificación del Anticiclón provoca una escasa acumulación de lluvia en invierno lo que puede llevar a tener un año seco.

Existen otros factores naturales que pueden favorecer la ocurrencia de sequías, y que suelen estar ligados a una intensificación del Anticiclón. La fase fría del ciclo ENOS, conocida como La Niña, tiende a provocar una disminución de las precipitaciones en Chile central. La sequía del 98′, por ejemplo, se dio durante un intenso evento de La Niña, siendo la principal causa de esa sequía.

Similar a La Niña, la fase fría de la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO por su sigla en inglés) tiende a aumentar la probabilidad de importantes sequías. La diferencia con ENOS es que la PDO actúa a lo largo de periodos más largos, de ahí su nombre de decadal. Por ejemplo, el periodo seco entre 1964 y 1969 (sequía del 68’) se presentó dentro de la fase fría de la PDO, periodo que si bien tuvo años normales o lluviosos, se caracterizó por condiciones bajo lo normal.

Patrón de anomalías de temperatura del mar y presión atmosférica característica de la Megasequía.

Si miramos la actual Megasequía, podemos identificar varios de estos elementos: comenzó durante la fase fría de la PDO y también han habido años de La Niña, como 2010-2011 (la figura anterior muestra un compuesto de los factores más relevantes). Sin embargo, ha tenido particularidades, como el intenso El Niño vivido en 2015 (conocido como Niño Godzilla), que no fue capaz de revertir la situación de sequía. Es por esto que las causas naturales no son capaces, por sí solas, de explicar este fenómeno extremo… aquí es donde aparece un nuevo e importante factor: el factor antropogénico.

Esta Megasequía está ocurriendo inmersa en un periodo en el que las actividades humanas están afectando el clima. Tanto es así, que a esta época se le está denominando como Antropoceno. Específicamente, el aumento en los gases de efecto invernadero y la reducción del ozono estratosférico, provocan un desplazamiento hacia el sur del cinturón de tormentas, reforzando el Anticiclón y evitando que las lluvias alcancen la zona central.

Se ha cuatificado que 1/4 parte de la actual Megasequía es consecuencia de los factores antropogénicos y que 3/4 partes son causas naturales (PDO + ENSO). Esta combinación nos tiene viviendo una de las sequías más extensas, temporal y territorialmente hablando, del último tiempo.

Como se puede ver, las sequías han sido parte importante de la historia pluviométrica de nuestro país y si bien siempre han estado ligadas a variaciones naturales del clima, la actual sequía agrega ingredientes que requieren esfuerzos adicionales en adaptación y resiliencia. Sobretodo si consideramos las proyecciones de precipitación para el futuro que indican una disminución de éstas debido al Cambio Climático.

 

Escrito por: Catalina Cortés. Editor: José Vicencio y Diego Campos. Periodista: Paz Galindo.

 

Información utilizada para esta publicación:

– Informe a la Nación. La Megasequía 2010-2015: Una lección para el futuro. Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Noviembre 2015.

– Atlas de Sequías de América Latina y el Caribe. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Centro del Agua para Zonas Áridas y Semiáridas de América Latina y el Caribe (CAZALAC).

 

Catalina Cortes

Meteoróloga. Perteneciente a la oficina de Servicios Climatológicos de la Dirección Meteorológica de Chile.

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